lunes, 1 de noviembre de 2010

EL VIEJO Y EL MAR Ernest Hemingway

Por: Lorena Pérez
El viejo y el mar es una obra escrita por Ernest Hemingway que narra la historia de un viejo pescador cubano y perseverante que tras varios días sin haber  cogido pez alguno, continúa en busca de uno…
La historia empieza cuando el viejo regresa a tierra en el día 84 de pesca, nuevamente sin haber pescado algo, derrotado y según el “con mala suerte”.  Tras encontrarse con un joven ayudante, el cual dejo de pescar con el viejo por obligación de sus padres debido a que después de 47 días no pescaban nada;  se retiro a su casa decidido que al día siguiente también iría a pescar ya que recordaba que una vez, después de 85 días sin pescar, atrapo un gran pez; el muchacho se comprometió a acompañarlo a embarcarse y brindarle un poco de comida.
Al día siguiente, el viejo se levanto temprano y con el joven tomaron café y comieron un poco, luego de eso el viejo se enrumbo en su viaje mar adentro. Decidió que iría a zonas donde en aquella temporada no había ido y probablemente ahí encontraría un gran pez. Paso mucho tiempo hasta que vio un ave volando en una determinada zona del mar, allí encontró un banco de peces que se movían rápidamente y logro pescar uno, que le serviría para alimentarse.
Luego de un par de horas sintió repetidos pero suaves tirones de la caña, presentía que era un gran pez  por lo que decidió ser paciente y esperar a que se muera. Sin embargo tras varias horas el pez seguía luchando por su vida de una manera pacífica, a pesar de haber cogido la carnada y ya tener el anzuelo en el interior de su cuerpo este se dirigía hacia el este conduciendo así el bote. El siguiente día, más o menos a mediodía el pez descendió para poder respirar un poco, se sorprendió al ver que el tamaño del pez era superior a lo que imaginaba e incluso más grande que la barca, lamentablemente no puedo hacer nada para capturarlo debido a que se había cortado una mano y esta se había adormecido.
Asi pasaron muchas horas esperando a que el gran pez se rinda, recordando momentos de gloria de su juventud y extrañando la compañía de su joven ayudante.  Es en la tarde en la que el pez comienza a ascender y acercarse al viejo, tras mucho luchar y maniobrar, logra tenerlo bajo su poder amarrándolo al bote.
No obstante, después de haber pasado horas padeciendo de un gran dolor por las poses que adoptaba para mantener al pez calmado con el anzuelo en su interior, y las heridas causadas por la lucha, la gran batalla con las especies del mar no había culminado pues la sangre emanada por el pez atrajo a varios tiburones que poco a poco fueron dejando al viejo indefenso, pues con cada nuevo tiburón, sus armas se atrofiaban y perdían, pero sobre todo se llevaban gran parte de la carne de su preciado pez, el cual había aprendido a amar y respetar, así poco a poco hasta dejarlo desnudo en su esqueleto.
Finalmente llego al puerto de la Habana cansado por la gran lucha que duro 2 días. Al día siguiente, el joven fue a visitarlo llevándole un café y le prometió que volvería a salir con el debido a las enseñanzas que adquirida de él. En el puerto todos se sintieron admirados por el gigantesco tamaño del pez y recuperaron el respeto por el viejo Santiago, el cual habían perdido.

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