domingo, 28 de noviembre de 2010

LOS CRIMENES DE LA CALLE MORGUE Edgar Allan Poe

Por: Diana Rupaylla

La historia ocurre en Paris, donde un señor conoce a un hombre llamado Auguste Dupin. Como no tenía plata, decidió proponerle a que viviera en su casa, un poco lejos de la ciudad, y Dupin aceptó. Un día, sentados leyendo el periódico, se interesaron en una notica muy impactante: a las tres de la mañana del día anterior, en el cuarto piso de un edificio de la calle Morgue, se encontraron dos cuerpos. Uno de ellos era el de la señora L`Espanye, y el otro era el de su hija. Los cuerpos estaban totalmente destrozados, los muebles estaban rotos, había una navaja de afeitar y mechones de pelos arrancados desde la raíz, manchados de sangre. El cadáver de la hija estaba dentro de la chimenea y el de su madre estaba en el patio detrás del edificio. La había cortado el cuello de una manera tan brutal que cuando quisieron moverla, la cabeza se le cayó. Los testigos declararon ante la prensa, que se habían escuchado gritos entes del asesinato, uno de ellos, era la voz de un francés, quien exclamaba gritos de sorpresa y escándalo, la otra, era una voz chillona a la que no se había reconocido el idioma. Descartaron que el motivo del asesinato sea de un robo, ya que había mucha plata tirada en el piso de la habitación. Los policías no supieron por donde había ingresado el asesino, pues la puerta estaba cerrada con llave por dentro, y las ventanas, estaban atascadas por un clavo. A pesar de todos los testimonios e investigaciones, la policía no pudo encontrar ni el motivo ni el recorrido por el cual el asesino entro.

Dupin y su amigo decidieron ir a la escena del crimen. Una vez allí, Dupin fue al patio trasero del edificio donde fue hallado el cadáver de la señora. El único acceso a la ventana era saltando desde un muro, pero la distancia entre este muro y la ventana era muy larga y se requería de una persona excesivamente ágil, casi sobrehumana. Ya en la habitación, Dupin inspeccionó a la ventana, y se dio con la sorpresa que el clavo estaba roto y que se podía fácilmente abrir y cerrar la ventana. Luego, Dupin encontró pelos grises tirados en la chimenea, dijo que estos pelos no pertenecían a personas. También, dedujo que el cuello cortado de la señora, fue ocasionado por la navaja de afeitar. Con todas estas ideas, Dupin regresó a la casa, y busco un libro donde encontró que todas las características de los pelos que se encontraron, pertenecían al de un Orangután. Dupin sabía que el orangután seguía suelto, así que puso un aviso en el periódico, en el que decía que se había encontrado un orangután y que su dueño podría venir a recogerlo en la dirección que indicaba abajo.

Mas tarde, un hombre tocó el timbre, se decía ser el dueño del orangután, estaba un poco nervioso, así que Dupin supo que él era. Le pidió que le contara la verdad, y él aceptó. La historia verdadera era que en uno de sus viajes, encontró al orangután en una isla, y decidió llevarlo a su casa. Lo mantuvo en una jaula para no llamar la atención de sus vecinos. Un día cuando el marinero llegó a su casa, encontró al orangután sentado en el medio de su cama con una navaja de afeitar en su mano. Su dueño intentó usar su látigo, tal como lo hacia cuando el animal se portaba mal. El orangután, al ver este acto, se escapó y así, llegó a la calle Morgue, donde entró a la única habitación que tenía la luz prendida, el cual pertenecía a la familia L`Espanye. Su amo lo persiguió y llegó solo al murito que había en el edificio. Solo pudo ver que el animal había cortado el cuello de la señora con la navaja de afeitar y que su hija la se había desmayado. Su dueño, escandalizado, gritó, y el animal al escucharlo, decidió esconder los cuerpos para evitar que su dueño los vea. Así, tiró el cuerpo de la señora por la ventana y metió a su hija por la chimenea arrancándole unos pelos. El dueño asustado tras oír los pasos de las personas que venían a socorrer a las mujeres, se escapó. El orangután también lo hizo, y cuando los testigos llegaron, el animal ya se había ido. Terminado su testimonio, Dupin hizo que lo contara nuevamente ante los policías, y así se descubrió la verdad.

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