miércoles, 31 de agosto de 2011

EL PODER DE LA INFANCIA - León Tolstoi

Por: Rocío Véliz

Toda la muchedumbre gritaba, ¡Que lo maten! ¡Que lo fusilen! Todo el pueblo anciaba su muerte de una buena vez. El estado del lado de las autoridades durante la guerra civil, acababan de atraparlo y pedían su muerte. El hombre alto y erguido, avanzaba a paso firme, mirando con odio y desprecio a todos los que le gritaban. La muchedumbre no se detenía y al llegar a una calle donde se encontraban los cadáveres de los del ejército, quisieron matarlo ahí mismo. La gente seguía gritando ¡Que lo maten! ¡A él y a tdas las autoridades! Los cabecillas decidieron llevarlo a la plaza. Ya estaban por llegar a la plaza cuando de pronto se escucha la voz tierna de un niñito, llorando y gritando ¡Papá! ¡Papá! ¡Qué te hacen! ¡Llévame contigo!. La multitud dejó pasar al niño hasta que llegó donde su padre. Todos le hacían varias preguntas y el solo pedía que lo dejen con su papá. Le gritaron que vaya donde su madre y ante esto el señor respondió "No tiene madre" Pero la gente seguía gritando ¡Que lo maten! ¡que lo fusilen!. El padre le preguntó a su hijo porque había salido de casa y le pidió que vaya a la casa de su vecina Catalina, él niñito exclamaba ¡No iré sin ti, porqué te van a matar! El padre le negaba, decía que nada malo le iba a pasar. El hombre se dirigió a la multitud: Máteme como quiera y donde quiera pero no enfrente de mi hijo, desáteme un momento y cójame del brazo para que pueda decir que estamos paseando, que usted es mi amigo, así el se marchará. El cabecilla accedió. El papá cogió al niño y le dijo: Sé buen chico y ve a la casa de Catalina. El niño respondió ¿A dónde irás tú?. Él papá respondió mintiéndole: Estoy paseando con mi amigo no ves? Anda vete, sé bueno, vete ahora mismo iré yo tambipen. El niño obedeció, una señora lo sacó de la multitud. Otra mujer gritó ¡Deberíamos soltarlo! y toda la multitud empezó a gritar ¡Suéltenlo! ¡Suéltenlo!. Entonces el hombre orgulloso y despiadado que odiaba la muchedumbre se hechó a llorar y pasó entre la gente sin nadie que lo deteniese.

1 comentario:

  1. este cuento ejemplifica el lado humano de la turba y el individuo, ambos posibles de comunicarse aún en el reinado del odio. El ajusticiamiento del reo sería prolongar la muerte por la soberbia del poder y el triunfo, mientras que el perdón es un acto que permite continuar la vida de acuerdo al orden y derecho naturales, presentes en la conciencia de todo ser humano.

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