jueves, 25 de agosto de 2011

MI PLANTA NARANJA - LIMA - Jose Mauro De Vasconcelos

Por Daniela Alvarez Escobar

Una historia dramática y conmovedora, que hace reflexionar al lector acerca de la importancia de demostrar afecto a los niños y que de vez en cuando es necesario dejar los problemas de la adultez para garantizar la infancia de un niño. Zezé es un niño de cinco años que durante mucho tiempo aguantó el dolor de las numerosas palizas que recibió a lo largo de su niñez. Por su corta edad no parece afectado por la violencia de la que era víctima, vivía en un mundo de fantasías, pero poco a poco empieza a darse cuenta de la cruel realidad que la que vive y de lo difícil que es la vida de un niño pobre. De pronto descubre el dolor y se hace adulto de manera precoz. Su familia es muy pobre, su padre está desempleado y su madre trabaja de noche en una fábrica. La mayor parte del tiempo la pasaba con su hermano Totoca o con su tío Edmundo, quien era muy sabio y le enseñó mucho sobre la vida. En ese tiempo está de moda subirse en la parte trasera de los autos para ir a la escuela. Un día, Zezé y sus compañeros de colegio hacen un trato que consistía en subirse a la parte trasera del coche de un portugués adinerado, Manuel Valadares. Zezé logra hacerlo pero es descubierto por el dueño del coche, quien le da una fuerte paliza. Sin embargo, luego descubre que el portugués no era tan malo como él pensaba y se hacen muy buenos amigos, comparten muchos momentos y aprende mucho de él.

Zezé tenía una planta de naranja-lima, con la cual se encariña mucho. Nota que la planta le hablaba y es así como empiezan sus largas conversaciones. Luego de varias aventuras y de varios momentos en los que se sentía bien, llegan las malas noticias. Como que iban a cortar su planta de naranja-lima, lo que lo deprime mucho o peor aún, que su buen amigo, el portugués, muere en un accidente de tránsito, lo que hace que Zezé pase mucho tiempo enfermo y sumamente deprimido. Durante todo ese tiempo, su hermana Gloria y su madre lo cuidaron, turnándose para que tuvieran tiempo de descansar. Al recuperarse, se reconcilia con su padre y tiene que mudarse a una casa nueva donde podía tener todos los árboles que quisiera, pero él no puede olvidar su planta de naranja-lima.

La obra concluye varios años después, Zezé tiene cuarenta y ocho años y era ahora él quien repartía las bolitas y figuritas a los niños, y está muy agradecido con su amigo Manuel Valadares. Se da cuenta de que tuvo que aprender a crecer desde muy pequeño, tuvo que aprender a ser un adulto y a aceptar su realidad por lo cual no pudo disfrutar de la infancia que todo niño desea.

“En aquel tiempo… En el tiempo de nuestro tiempo, no sabía que muchos años antes un Príncipe Idiota, arrodillado frente a un altar, preguntaba a los iconos, con los ojos llenos de lágrimas: “¿POR QUÉ LES CUENTAN COSAS A LAS CRIATURITAS?” Y la verdad es, mi querido Portuga, que a mí me contaron las cosas demasiado pronto. ¡Adiós!”.

*Fragmento del último capítulo: La Confesión Final.
*Esta historia continúa con el libro Vamos a Calentar al Sol.

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