martes, 30 de agosto de 2011

NAVAJAS EN EL PALADAR - Jorge Eslava

Por: Gabriel Chávarry

Es una mancha de muchachos que sobreviven a las mentiras y al vicio como ángeles caídos del séptimo cielo, sucede en el centro de los Portales asi como también en el Parque de la Reserva, los huecos de la Parada, las calles malolientes de Azángaro y los bares, la Cachina y el arbolito del Paseo de los Héreos Navales. La alameda pobretona que está entre el Sheraton y el Palacio de Justicia, lleva el nombre de Paseos de los Héroes Navales. A lo largo de su explanada hay tres fotógrafos ambulantes, algunos lustrabtas y golosineros, mucha gente presurosa y una hilera de árboles bien racas. De uno de ellos, del arbolito, no media sino un palmo para llegar al infierno limeño. No importa si es una acacia o un almez pero ahí, bajo su sombra, solía encontrarse a diario con Tatán, Lapicero y Tantavilca. Claro que la mancha era numerosa: Elena, Blanca, Teresa, Conejo, Chupijel, Diablito, Licencia eran los más asiduos. Han pateado en el suelo a la jerma de Lapicero y le han hecho abortar. Boquita tiene un hueco en el vientre por donde cuelga parte del intestino. A las chibolas se las llevan de tute y las violan, al hilo, una horda de subnormales. Chupijel mete cizaña y actúa por venganza. Lobo quiere plantarse porque la libertad no tiene precio, pero no puede.

Chupijel era supuestamente el líder y la obra comienza cuando él y Conejo roban una cartera dentro de un carro, cada uno hace su parte bien hecho si no lo palean hasta aprender. Asi es como que todos tratan de ganarse la vida robando, usando la jerga callejera (y eso que sigue en la actualidad de Lima).

5 comentarios: