jueves, 29 de septiembre de 2011

EL SUEÑO DEL PONGO - José María Arguedas.

Por: Rómulo Valencia

Este cuento trata de un miserable y pequeño sirviente, llamado pongo. Comienza en la hacienda de su patrón, en una gran residencia, cada vez que su patrón veia detenidamente al joven sirviente se reía de tal hombrecito que era el chico, era muy indeferente con el sirviente y le hacía preguntas muy fuera de lugar y a la vez muy groseras, el pongo siempre se abstenía de contestarle a su patrón y le hacia caso lo que el le decia. El pongo tenia un físico muy poco notable pero su fuerza sin embargo era la de un hombre común, el limpiaba, barría, lavaba, preparaba la comida con normalidad, el hombrecito siempre trabajaba callado sin hablarle a nadie. Un día, al anochecer, cuando todos los sirvientes rezaban el Áve María en el corredor de la casa hacienda, el patrón mando al pongo a que se subiera en la mesa y comenzara a ladrar como perro, que se ponga en cuatro patas como lo haría un perro y demás barbaridades que le hacia hacer al pobre sirviente, y así todos los días le hacia revolcarse a su nuevo pongo delante de toda la servidumbre que se encontraba en el corredor, lo hacía fingir llanto y diversas humillaciones más le aplicaba. Hasta que un día el pongo le habló a su patrón, con la misma cara de espanto que llevaba siempre marcada en su rostro, el patrón al comienzo lo ignoró pero luego se dio cuenta que era el hombrecito quien le estaba hablando, entonces el pongo comenzo a contarle que había tenido un sueño en el que habían muerto los dos juntos, el patrón decidio escuchar al pongo y que cuente su sueño, el jóven comenzo a contar el sueño.. decía que estaba San Francisco examinando a los dos, pesando sus corazones viéndo lo que eran. El pongo seguía contandole a su patrón sobre su sueño, este le comentó que San Francisco ordenó que un ángel pequeño tragiera una copa de oro, y que la copa de oro estubiera llena de miel de chancaca transparente, este ángel derramo la miel de chancaca transparente en el patrón, luego San Francisco ordenó que venga un angel con un tarro de gasolina excremento humano, al llegar este ángel se veía en el que no valía, viejo, de patas escamosas, casi ni fuerzas tenía el pobre para mantener sus alas en su sitio, al llegar ante el gran Padre, vió al pongo y le derramó el excremento de la lata. El patrón parecía contento con el sueño del pongo y exigía que siguiera con el hasta terminarlo, el pongo le siguio contando con tranquilidad. Entonces, San Francisco volvió a mirarlos a los dos, por un largo rato.. al llegar el momento, el dijo, "Todo cuanto los ángeles debían hacer con ustedes ya está hecho. Ahora ¡lámanse el uno al otro! Despacio, por mucho tiempo". Finalmente el viejo ángel rejuvenecio a esa misma hora, recuperando el color negro de sus alas y encomendado por San Francisco para vigilar que su voluntad se cumpliera.

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