martes, 13 de septiembre de 2011

ENSAYO SOBRE LA CEGUERA - José Saramago

Por: Andrea Bermúdez

Una extraña enfermedad se apoderó de un médico, sin que él pueda explicarse lo que estaba pasando. Este sujeto se dirigía a casa en su auto, cuando de pronto, al tocar la luz verde, éste no pudo avanzar, pues se había quedado ciego sin previos síntomas, pero no era una ceguera como cualquier otra, ésta era una ceguera blanca. El médico fue ayudado por un ladrón, el cual lo acompañó a su casa fingiendo ser muy amable, pero al irse, robó su auto sin compasión alguna. Horas después éste quedo ciego también. La esposa del médico llegó a casa, y al ver el desastre que éste había causado al no poder ver nada, lo resondró, pero poco después cuando él le contó su mal, la mujer desesperadamente empezó a marcar números de clínicas, tratando de sacar una cita lo más pronto posible. La pareja salió rumbo al hospital, el oculista revisó al médico y sorprendentemente sus ojos estaban perfectos, no había razón por la que el paciente tenga la vista en blanco. Todas las personas que tenían contacto con el médico, iban quedando ciegas. Primero eran 5, luego 11, luego 15.Todos los que se encontraban en el consultorio de un oculista, como la chica de las gafas oscuras, el viejo de las cataratas, o el niño estrábico por ejemplo, fueron víctimas también de esta extraña ceguera blanca. Esta inexplicable enfermedad, rápidamente contagiosa, se empezó a extender entre toda la población, el gobierno tomó medidas drásticas, enviando a las personas contagiadas a cuarentena. Para esto utilizaron un manicomio deshabitado. El temor de la población cada vez era más fuerte. Por una extraña razón, la esposa del médico, era inmune a ésta enfermedad, pero para poder mantenerse cerca de él, fingió ser ciega y entró al manicomio con todo el grupo. Esta mujer se convirtió en la guía de los ciegos. En éste manicomio, totalmente alejado de la ciudad, los ciegos, pasaban por el peor momento de su vida. No solo acababan de perder la visión y se sentían torpes e inútiles, también empezaron a vivir en una situación penosa y desagradable. Al no haber desagües, los individuos tenían que hacer sus necesidades en donde pudieran. Éste manicomio se iba llenando de más y más ciegos, llegó un momento en el cual la comida no alcanzaba, los medios de limpieza eran escasos y se lavaban de vez en cuando. Se convirtió en un lugar hediondo. Pasaban los días y los ciegos no se explicaban por qué de un momento a otro los privaron de la visión y de su familia, tampoco sabían si algún día iban a recuperar la vista y poder tener la vida de antes. Todo era incierto. El tiempo que estas personas pasaban en el manicomio, era interminable, pero se fueron convirtiendo en una gran familia, que se cuidaba y protegía. Luego de un tiempo lograron salir de este lugar y empezaron el rumbo por la ciudad. Las calles eran irreconocibles, las personas parecían animales rondando bolsas de basura para conseguir un poco de alimento. La peor parte se la llevaba la mujer del médico, pues a pesar de que la ceguera era una enfermedad espantosa, esta mujer podía ver cada día el desastre de una ciudad entera. Ella experimentaba muchas más cosas que los ciegos, pero soportaba y se sentía responsable por su “nueva familia”.

El grupo, luego de mucho caminar encontró un lugar donde quedarse y, a pesar de que tenían que soportar a una amargada anciana que vivía en el piso de abajo, ese refugio les fue de mucha ayuda.
Un día soleado, milagrosamente uno a uno empezó a recuperar la vista. Los demás, sin poder creerlo aún, esperaban ansiosos que ese momento también les llegue. Poco a poco, cada uno de ellos pudo ver. Nunca se habían sentido tan felices, podían ver, se sintieron más vivos que nunca.

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