viernes, 30 de septiembre de 2011

LA AGONÍA DE RASU - ÑITI - J.M. Arguedas

Por: Eduardo Montoya

Rasu-Ñiti era un bailarín de tijeras (dansak), estando en su casa, comprendió que le había llegado la hora de morir, “estoy listo”, con esfuerzo se puso el guante en la mano derecha y empezó a tocar la tijera. Su esposa y sus dos hijas, comprendieron que él estaba a punto de morir. Esposo, ¿te despides?, si el corazón avisa, mujer llamen a Lurucha y Don Pascual, las hijas obedecen. Luego, el procede a vestirse con su mejor atuendo, porque Wamani, que es el espíritu que habita en todo danzante de tijeras le está hablando. Al salir de la casa, le pregunta si está viendo a wamani sobre su cabeza, ella le dice que sí y es de color gris.

Al salir de su casa llega todo el pueblo, Lurucha; el arpista, Don Pascual; el violinista, y llega Atok Sayku (su joven sucesor) empieza a tocar las tijeras de acero, porque es wamani el que manda y Rasu-Ñiti solo obedece. Es una danza magistral y el comienza realizando los primeros pasos de la danza, bailaba con fuerza y se paraliza una de sus piernas pero el sigue bailando, hace sonar más alto la tijeras hacia el sol. Cayo al suelo, la otra pierna se le había paralizado, empezó el yawar mayu paso final en todas las danzas de indios, el público lo observaba, wamani aleteaba sobre su frente, las tijeras seguían sonando. De pronto Rasu-Ñiti dejo de tocar, pero seguía moviendo su cabeza, estaba moribundo, finalmente cerro los ojos. Atok Saytu salto junto al cadáver, porque era el nuevo danzante de tijeras y wamani estaba en su cabeza. Finalmente deciden enterrarlo al oscurecer y la hija menor grito: él no está muerto, él sigue bailando.

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