jueves, 6 de octubre de 2011

ABRIL ROJO - Santiago Roncagliolo

Por: Andrea Bermúdez

La historia empieza cuando el fiscal Félix Chacaltana Saldívar decide pedir su traslado de Lima a Ayacucho, para trabajar en su ciudad natal y a la vez cuidar del recuerdo de su madre muerta. Es un mes antes de semana santa donde al fiscal se le asigna la investigación del asesinato de un poblador de Quinua, en las celebraciones del carnaval, por lo que ningún poblador da razón de haber visto u oído algo. La policía atribuye el asesinato a un lío de faldas, pero el fiscal empieza a dudar de la versión dada, puesto que la muerte del individuo fue muy cruel: primero le cortaron un brazo, luego fue rociaron kerosene y lo encendieron, pero antes de eso, le marcaron en la frente una cruz con un cuchillo de carnicero; y finalmente lo quemaron. Más se cree que lo asaron en un horno destinado a incinerar cuerpos humanos. El fiscal se lleva el susto de su vida un día antes de las elecciones, al presenciar una manifestación de terrorismo en plena noche, un apagón, explosiones, el símbolo de la hoz y el martillo iluminado en el cerro, y al día siguiente las pintas y los perros muertos colgados en los postes con carteles: “muerte a los traidores”. Y se da cuenta de la farsa de las elecciones, pues en la mañana escucha que el opositor a Fujimori había ganado las elecciones y en la tarde la prensa se corrige y anuncia como ganador a Fujimori. Vuelve a Ayacucho y el comandante Carrión lo aísla por haber sugerido el rebrote de terrorismo, pues como el capitán Pacheco le dio a entender en este país no hay terrorismo por orden superior. Sin embargo él decide averiguar por su lado e ir a interrogar a un convicto acusado de terrorismo sobre si Mayta Carazo pertenecía o no a Sendero Luminoso. Al hablar con este reo queda aún más confundido pues él le hace ver que al igual que los senderistas, la policía también había cometido muchos crímenes con la excusa de la lucha armada. Por sus descubrimientos acerca de los irregulares métodos de la policía y el ejército empieza a convertirse en un indeseable para todos y un desconocido para sí mismo. El fiscal Chacaltana sólo encuentra apoyo en Edith, la mesera del restaurant en donde siempre almuerza, así que empieza una relación amorosa con ella. Cuando las cosas empiezan a calmarse, el fiscal es llamado por el comandante Carrión quien le muestra el cadáver de Mayta Carazo al lado de una fosa común llena de miembros humanos: brazos, piernas, cabezas, consecuencia de la lucha antiterrorista de un comandante llamado el perro Cáceres. En ese momento el comandante le confiesa que la policía sabía todo y que el cadáver que encontraron era nada más que el propio perro Cáceres y que se trataba de una venganza terrorista y que a Mayta lo mataron por hablar con el fiscal por soplón. El comandante le encarga la solución del caso y por primera vez Chacaltana ve temer a Carrión, le pregunta el por qué y este le responde que estaba seguro que también iba a ser asesinado. Chacaltana empieza a creer que él es el culpable de los asesinatos, pues todos los asesinados hablaron con él antes de morir, entonces recurre a padre Quiroz para desahogarse y el padre le da una pista, que todos los cadáveres se habían sentido asesinados con un sentido algo religioso, todos con el fin de hacer que no resuciten. Es por eso que el fiscal supone que los próximos asesinatos se darán en semana santa. Chacaltana le informa sus sospechas a Carrión y refuerzan la seguridad desde el viernes en la noche, pero como no pasa gran cosa el sábado sacan la seguridad. El viernes del sepulcro, Chacaltana se pone a pensar en la creencia de que ese día se pueden cometer todos los pecados que uno quiera porque Cristo ya está muerto y no ve nada. Le pide al capitán Pacheco que redoble la seguridad, que era una orden de Carrión, pero este se burla de él y le dice que Carrión ya no mandaba más, que ya era hombre muerto. El fiscal regresa a su casa muy frustrado, trata de dormir y al no conciliar el sueño decide ir a ver al padre Quiroz, al entrar a la iglesia encuentra el cuerpo del padre Quiroz con un cuchillo atravesándole la garganta, sin una pierna desmembrada y con la cara y brazos totalmente deshechos porque también le habían echado ácido muriático. Intenta llamar a la policía y se da cuenta que el asesino aún estaba ahí, intenta alcanzarlo, dispara pero igual el asesino huye y lo deja encerrado con el cadáver, al verse solo con el occiso se da cuenta que si lo ven así podría ser culpado por el asesinato, toma la decisión de escapar, dispara la cerradura y huye directamente a la casa de Edith y le cuenta todo por lo que está pasando pero en un cierto momento se desconoce y la llega a violar. Edith lo bota indignada, él va a trabajar y confirma que nadie sospecha de él en la delegación. Pacheco le pide disculpas por no haberle hecho caso de redoblar la seguridad y le pide ayuda en el caso. El fiscal vuelve al trabajo con la mente turbada por lo ocurrido con Edith, va pensando en cómo pedirle disculpas y pensando en eso recuerda que el padre Quiroz le había comentado que los padres de Edith habían sido terroristas y que habían muerto a manos de la policía, decide buscar sus fichas y descubre que hace años Edith fue acusada de pertenecer a una célula. El fiscal no puede creer lo que lee y se da cuenta que ella podía ser la asesina, pues erala única con acceso a Hernán Durango, si Mayta era terrorista ella también lo había conocido, al padre Quiroz y finalmente se pudo haber vengado de Cáceres por la muerte de sus padres. Chacaltana va furioso a buscarla al restaurant donde ella trabajaba, al hablar con ella se descontrola, la incrimina directamente e incluso llega a apuntarle con el arma que le había brindado Carrión para su protección. Ella no niega las acusaciones y le dice que está dispuesta a morir en sus manos.
Chacaltana está a punto de matarla y en el último segundo se arrepiente y la deja libre, no sin antes advertirle que la iba a acusar al siguiente día. Regresa a su casa adormir y en plena madrugada lo levanta la policía, ya sin sorpresa el fiscal los atiende y se espera que le informen de un nuevo crimen hecho por Edith. Lo llevan al lugar del crimen y para su sorpresa el cadáver es de Edith. Pacheco le dice al fiscal que habían testigos que lo culpaban de la muerte de Edith, que lo habían visto amenazarla con una pistola, que también lo habían visto salir dela iglesia del padre Quiroz el día de su muerte; que sabía que era la última persona que vio con vida a Mayta. Todo lo culpaba, pero el fiscal se da cuenta de que hay alguien atrás de esto, alguien que había brindado sus informes, alguien que quería acusarlo de los crímenes; trata de reclamar pero ya era tarde. En la noche va a ver a Carrión y sin tapujos le dice que ya sabía que él era el asesino, primero Carrión se burla de él, pero luego lo acepta y le dice que sólo iba a matar a Cáceres porque estaba loco, por querer combatir nuevamente con terroristas, por querer combatir con fantasmas que podían resucitar si se los retaba. Los demás asesinatos fueron causados por el propio Chacaltana, por haber metido las narices donde no le importaba. En un momento de la conversación las luces se apagan, el fiscal empieza a disparar y mata a Carrión cuando ve el cuerpo se da cuenta que esa era la intención de Carrión: Quería morir. Chacaltana pierde la cordura, los policías y militares involucrados en la historia son trasladados a otra base y el caso queda en el olvido al igual que Chacaltana.

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