domingo, 2 de octubre de 2011

DIAMANTES Y PEDERNALES - José María Arguedas

Por: Lith Fernández Solís

Cuanta la historia de un indio llamado el “upa” Mariano, porque era medio sonso, proveniente de los pequeños valles fruteros del “interior”, este indio fue prácticamente desterrado de sus tierras por su propio hermano Antolín, con engaños de que triunfaría en la capital de la provincia. Cuando llego al pueblo entro por el valle alto de Alk’amare, donde viven los grandes señores, el destino hiso que reposara frente a la casa de don Aparicio, el único hijo de una de las señoras más principales, y luego trabajara para él como guardián de su casa. Así el upa Mariano llego a vivir en la única tienda de la casona de don Aparicio, trabajaba de arpista y ayudante de sastre. Y por tocar tan bien el arpa, don Aparicio le tenía gran consideración. Don Aparicio era muy mujeriego y le gustaba estar conquistando mujeres, así es que empezó una “relación” con Irma, una mujer de Apurímac, a la cual rapto y la mando a vivir en una casatienda. Don Aparicio conquistaba chicas y luego se olvidaba de ellas aunque había dicho que Irma era su preferida por sus cantos.
Pero luego llegan al pueblo una señora y su hija llamada Adelaida, estas mujeres eran pobres pero típicas señoras de clase media de la costa. Adelaida era una chica de cabellos rubios que al llegar al pueblo despertó muchos celos. Cuando don Aparicio la vio quiso conquistarla así que les ofreció una casa nueva para que se hospedaran y luego fue muy atento con ella. Toda esta actitud puso celosa a Irma por eso hablo con Mariano para que hicieran algo y reconquistara a don Aparicio; Mariano le dijo que el tocaría para su patrón en la casa de Irma pero ella debería llevar su arpa.
Cuando don Aparicio llego a la casa de Irma para escucharla cantar y vio a Mariano se enfado mucho, lo saco de la casa y luego le rompió el arpa. Cuando don Aparicio llego a su casa y subía a su cuarto, Mariano le abrazo las piernas arrodillado mientras le rogaba; don Aparicio no pudo contenerse, lo agarro del cuello y las piernas y lo arrojo del balcón. A la mañana siguiente Félix, un mayordomo, encontró a Mariano muerto en el pedregal, por lo que don Aparicio tuvo que decirle que el potro negro lo había pateado y matado. Al final le hacen a Aparicio un gran funeral y don Aparicio jura casarse con Irma y hacerle la vida imposible.

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